martes, 22 de septiembre de 2009

Culo gordo

Cuánta paciencia, lunes 21 de septiembre de 2009

Pues que se ha muerto el creador de ‘Shinchan’, despeñado en un sendero de Japón el pobre hombre cuando practicaba senderismo. Para que luego digan que caminar es sano.

Después de ‘Los Simpsons’, ‘Shinchan’ inauguró la era de los dibujos animados polémicos. Antes pensábamos que eran cándidos y tiernos, para públicos infantiles, como los cómics. Pero no, resulta que los dibujos animados, como los cómics, también buscan su público adulto. ‘Shinchan’ fue fuente de tal polémica que esta misma casa, RadioTelevisiónCanaria, decidió su retirada en lo que no fue más que una maniobra, pues se acaban lo derechos de emisión. Desde mi llegada a esta casa intento que recuperen ‘Shinchan’ sin ningún éxito.

No deja de resultar curioso que cuanta más polémica ven los adultos en unos dibujos animados, más les gusten a los niños. La discusión sobre ‘Shinchan’ se escudaba en las agresiones físicas que el niño sufría de mano de su madre culogordo, pero en realidad queda la sensación de molestaba sobre todo que Sinosuke Nohara, el niño díscolo, enseña el culo, la cuca y tuviera una lógica obsesión por los pechos grandes.

Porque seguimos siendo sexualmente retrógrados, incapaces de hablar de forma abierta y clara sobre el sexo sin montar una polémica al respecto. Con tantas carencias, plantearle dudas a la ley del Aborto suena a obscenidad, incluso a insulto. Dejemos libertad de acción y también empecemos a hablar de sexo de manera clara y explícita, sobre todo en las escuelas. Al final que ‘Shinchan’ haga el elefante importará poco. Y nuestro recuerdo cariñoso para el gran Yoshito Usui y por todo lo que nos hace reír con su niño disparatado.

sábado, 19 de septiembre de 2009

¿Qué son los solteros?

Cuánta paciencia, viernes, 18 de septiembre de 2009

Estimadas todas, a partir de hoy, y para hacer más atractivo el tema, le voy a poner un titulito a los 'Cuántas paciencias' que voy subiendo a este blob de Job. Como deberían saber, de lunes a viernes, sobre las cinco y cinco de la tarde, hago una columna llamada 'Cuánta paciencia' (que Johnny Daswani, productor de Deportes de la radio, lo dice de manera muy graciosa en italiano) en el programa 'Roscas y cotufas' del gran Kiko Barroso., columnas intento subir al blog después de radiarlas.

La gente no se divorcia, pero tampoco se casa, y todo dicen que es por la crisis, que tiene la culpa de todito. Qué amor ni que amor, oiga, las perras son lo importante. Eso lo dicen las estadísticas, que los divorcios bajaron un 12% en 2008 con respecto al año anterior, también baja la cantidad de matrimonios, con lo que queda ahí un limbo de solteros que ni está casado ni divorciado y encima, acosado por la crisis económica. Los solteros son los nuevos viernes, como ese fantástico gag de la película ‘Pagafantas’, que uno le dice al otro: “Los miércoles son los nuevos viernes”, y el otro responde: “Si los miércoles son los nuevos viernes y los jueves son los nuevos sábados, entonces, ¿qué son los sábados?”, pues eso, si hay menos divorcios pero la gente se casa menos, entonces, ¿qué son los solteros?

Un interesante reportaje en el periódico ‘El País’ de hoy viernes recoge crudos testimonios de parejas rotas que siguen viviendo juntas por esta cosa de pagar la hipoteca. En España no sabemos romper una pareja, igual que no sabemos pedir las cosas por favor ni saludar con elegancia. En España no somos Islandia, donde un niño de padres separados celebra su cumpleaños tan ricamente con la asistencia de su madre, la pareja de su madre, su padre, la pareja de su padre, otra pareja que tuvo su padre con la que ya no sale, y así un largo etcétera, tan largo que haría palidecer de envidia al arbol genealógico de relaciones de Belén Esteban.

Por eso, en España deberíamos inventarnos un nuevo tipo de relación humana que combine la colaboración económica con un cierto cariñito cercano. Algo así como unos compañeros de piso en una gran ciudad, donde el precio de los alquileres obliga a rentar habitaciones en lugar de apartamentos. Pero resulta que los españoles somos como somos, y en lugar de organizar una sana convivencia volcada en el interés económico, al segundo día ya estaríamos peleando por ver quién se comió un paquete de salchichas que estaba en la nevera. De nuevo, el tenebroso influjo de Belén Esteban.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Cuánta paciencia, jueves, 17 de septiembre de 2009

Los parados no quieren trabajar, claro, ¿cómo va a querer trabajar alguien a quien le pagan por no hacerlo? Es una exageración y es cierto que hay muchísimos parados con problemas, no sé si tantos como parados carotas. Con esto de la crisis, y viendo según qué reportajes y según qué crónicas, parecía que los parados eran algo así como los nuevos héroes de nuestro tiempo, por esa sempiterna tendencia a la lagrimita fácil que tienen los periodistas con escaso rodaje intelectual.

Pero no, resulta que hay muchos parados carotas, y también muchos carotas especializados en conocerse todas las ayudas, pagas y perras que suelta la institución pública de turno. Una persona, si no tiene que pagar casa, si no cuenta con demasiadas cargas familiares y carece de grandes vicios, puede vivir con muy poco dinero al mes, con tan poco como el que provee una paguita cualquiera. Y así cualquier ser humano te puede contar, a tu cara de currante, que ahora cobra un subsidio de desempleo, que luego cobrará el de parado de larga duración, que luego pasará a cobrar el de parado de más de no sé cuántos años, y que luego se jubilará, con eso y con lo que saque de algún cancameishon, pues no necesita nada más. Y te lo dice a ti, que con parte de tu sueldo le estás sufragando sus subsidios. En vez de quejarte, cambias de conversación antes de asesinarlo. Y así, unos cuantos más, como los centenares de sujetos en el paro que ahora mismo rechazan cursos de inserción y nuevos trabajo en servicios de mantenimiento, la noticia del día.

¿Para qué matarse trabajando mientras dure la paguita y te dé para un par de cervezas al día y ver el fútbol gratis en el bar de abajo? Esa es la idea, quitarle todas las perras que podamos al estado y que viva el trabajo subterráneo y el dinero negro. Y luego nos vamos quejando de estos políticos, que son unos carotas. Mejor que no se organice un concurso de carotas.

jueves, 17 de septiembre de 2009

'Cuanta paciencia', miércoles, 16 de septiembre de 2009

Ay la juventud, que está loca perdida. Después de los sucesos de Pozuelo o no me acuerdo de dónde, ahora volvemos con el rollo de que los jóvenes de hoy en día están fatal, que son unos descarriados, que están entregados a las drogas y el fornicio, que no respetan la autoridad de sus mayores y que no piden las cosas por favor.

Qué cosas, más o menos las críticas de cada generación. Todos aquellos que gritan ahora contra la juventud deberían de hacérselo mirar, sobre todo plantear la pregunta clave de ¿en qué momento dejé de ser yo objeto de la crítica contra la juventud para convertirme en criticón de la juventud? O sea, que la verdadera manera de descubrir a un pureta intransigente es comprobar el nivel de sus críticas contra esta generación joven.

En los sesenta era por los yeyés y la minifalda; en los setenta por la música disco, los pantalones de campana y el punk; en los ochenta por las hombreras y techno pop; en los noventa por la música electrónica y en esta década, que todavía no sabemos cómo se llama y ya se está acabando, porque están definitivamente mal y no hay manera de meterlos en el redil. Por ahí corre una cita de una inscripción creo que de la Mesopotamia, obra de un mesopotamio de un montón de siglos antes de Cristo, que decía algo así que lo de la juventud no se podía tolerar porque no respetaban a sus mayores y todo eso. Hace tres mil años y seguimos con el mismo rollo, sin entender que cada generación de jóvenes tiene la obligación de tocarle las narices a sus mayores, que la juventud siempre tiene un exceso de energía y rebeldía que debe aplicar en algún lado, y sobre todo que los jóvenes responden de maravilla cuando se les trata con respeto. Mientras tanto, tenemos bula durante un par de semanas para repetirlo una y otra vez, con esta juventud de hoy en día es que no se puede. Oiga, lo mismito que dijeron sus padres de usted mismo.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

'Cuánta paciencia', martes 15 de septiembre de 2009

La mejor noticia de la semana por ahora es el anuncio de Trinidad Jiménez, la autora del Trinimaratón, de que se va a prohibir fumar en cualquier lugar público, sobre todo en locales como bares, restaurantes y demás espacios de ocio y humo. Bien, ministra, bien. Rajoy, que es fumador de puros, según muchas crónicas, incluso en su despacho de trabajo, lo que lo convierte en una persona ilegal, ya reaccionó: “Al final, el que fume se va a tener que ir al Océano Atlántico”. Rajoy es así, en la campaña se inventó la niña y dijo que él estaba con la gente que se despierta cada día a las seis de la mañana, pero resulta que Mariano se levanta a las ocho, o sea, que menos apoyar y más predicar con el ejemplo, que son dos horas de diferencia.

Todos los no fumadores estamos contentísimos con las medidas antitabaco. Es sencillo, no hay nada peor para alguien que aborrezca el tabaco que le obliguen a fumar y que le hagan que toda su persona apeste a cigarrillo. El tabaco es así, hediondo, apestoso e invasivo. Si el fumar no echara humo, a los no fumadores nos importaría un pito que la gente hiciera el idiota metiéndose humo en los pulmones. Pero resulta que fumar huele, más bien apesta, y pagamos todos las consecuencias del vicio de unos pocos.

La medida no es extrema, es justa y bastante democrática, pero a ver cómo la van a aplicar porque si hay personas pesadas, adictas e insistentes, esas son los fumadores. Y no se preocupe, porque todos los fumadores están convencidos de que son personas educadas, que controlan su vicio y que hasta piden permiso para fumar, ja, ja. Pero ministra, estamos contigo, a ver si conseguimos que todos los fumadores se vayan al Océano Atlántico y sí, también Rajoy, también Rajoy.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Cuánta paciencia, lunes, 14 de septiembre de 2009

Los socialistas también son empresarios y también velan por los intereses de sus negocios con llamadas a otros políticos, aunque sean de partidos contrarios y enfrentados. Como bien dicen los liberales, al final el mercado puede con todo, incluso con las diferencias políticas. Pero el mercado, a pesar de los ultra liberales, se debe atener a una serie de leyes más allá de la oferta y la demanda, porque si dejamos el mercado bajo el simple control del ser humano, avaricioso y torpe, estaríamos aviados.

Esas leyes que controlan el mercado las crean y ejecutan los políticos. Ahí tenemos otro problema porque como seres humanos, los políticos también tienden a caer en la avaricia y la torpeza. Pero luego tenemos todavía un problema peor: cuando la acción política sustituye al mercado, y cuando la inversión pública se convierte en el principal motor económico. En Canarias pasa mucho, quizá demasiado. Parece que es imposible mover la gestión cultural en Canarias, por ejemplo, sin el apoyo público. Y también parece que es imposible que ocurra algo en Canarias sin que se cruce algún cargo público de por medio. Por una suerte de aberración democrática que todos aceptamos, los cargos públicos manejan su labor en una actitud más de empresario que de político. El político democrático debe velar por los derechos de todos sus ciudadanos, no de aquellos que conocen su número de teléfono. Pero el ciudadano medio también debería actuar como si no conociera ningún número de teléfono de ningún cargo público, como si respetara esos derechos comunes y universales.

Por desgracia, no es así, y además de señalar a los políticos que entienden que su acción pública consiste en “conceder favores”, deberíamos darnos un meneo antes de lanzar la primera piedra, porque quien más quien menos, todos somos capaces de levantar un teléfono cuando un favor hace falta, y eso no es nada democrático.

Cuánta paciencia, viernes, 11 de septiembre de 2009

¿Es posible hablar mal de The Beatles, buscarle fallos, achacarle algún desliz? Desde un criterio musical es imposible, igual que es imposible meterse con Beethoven o acabar con la importancia de Don Omar en el lanzamiento del reguetón, estilo por fortuna reconvertido y ya demodé. Pero gracias a la actual fiebre Beatle afloran las voces en contra de The Beatles, como es habitual, en forma de grupo de Facebook y en la pluma de algún periodista con ganas de perder el tiempo y de hacer un poco el ridículo. Son periodistas británicos para más señas, porque los periodistas españoles están más pendientes de Belén Estaban, de las medidas cautelaras, de su hija o de una montaña canaria con nombre de vacilón.

Hay varias cosas que sí se pueden achacar a The Beatles o a su entorno. Por ejemplo, la racanería con la que se maneja su legado, como demuestra que ahora, en plena muerte del CD, se decidan a lanzar sus discos remasterizados, que ya les vale. O que su sombra alargadísima impida, a muchos de sus oyentes aburridos, conocer otros grandes grupos de la invasión británica, empezando por sus rivales, The Rolling Stones, o por los simples y embelesadores The Kinks, en un listado del que podríamos estar media hora diciendo nombres.

Pero el único problema de criticar a The Beatles es que ellos mismos lo hicieron antes, lo hizo John Lennon, en una entrevista poco cantes de morir asesinado, donde expresó sus dudas sobre todas y cada una de las canciones de The Beatles. Lennon, eterno inconformista, uno de los verdaderos genios globales de nuestro tiempo, fue capaz de ponerle un matiz a prácticamente todo el legado de doscientas y pico canciones de los cuatro chicos de Liverpool, criticó las composiciones de su amigo y rival Paul McCartney y fue especialmente duro con sus propias obras. Esa capacidad de autocrítica, poco habitual, créanme, en la creación musical moderna, es otro de esos detalles que los convierte en los más grandes de la historia. Así que a escuchar, a divertirse y a dejarse de bobadas.