Cuánta paciencia, lunes 11 de enero de 2009
Lo que pasa es que Mariah Carey estaba borracha, ella mismo lo admitió. Estaba piripilla, un poco tomada, dijo que no cenó y le había dado muchos sorbitos al champán. La verdad es que cuesta entender el impacto de la noticia de que la cantante estadounidense se subió borracha a recoger un premio. El problema de Mariah, corrijo, no es que estuviera borracha, sino que se le notaba. Y eso nos lleva a pensar en cuánta gente famosa que vemos en tantos actos públicos no estará en realidad un poco colocadilla. Es la única excusa que se encuentra para explicar ciertos comportamientos televisivos, la verdad.
Hay una cosa que se aprende con la vida y con sabios consejos, y es eso tan clásico de saber beber, toda esa serie de consejos que nos entretuvieron las pasadas fiestas y bien podrían conectar con las próximas fiestas esos carnavales que ya están ahí, ¿no se los dice el hígado? Me quedo con un consejo desarmante: como el alcohol es deshidratante, los expertos recomiendan que entre copa y copa, bebamos algo de agua, pero agua sin nada, no se vayan a pensar. Ahora parece que se pierde por un lado eso del saber beber, porque se bebe más para un objetivo que como fin en sí mismo. Se bebe a lo bestia y rápido, pero bueno, como tantas otras cosas, no hay ningún disparate de la juventud que el saber de la experiencia no cure. O sea, que del botellón en un momento dado terminarán pasando al cóctel, que ahora está de moda otra vez, si es que alguna vez dejó de estarlo.
De todas formas, hablamos de drogas perfectamente legales, como el famoso alcohol, y si Mariah quiere estar borracha, que lo esté. Si no existiera la resaca y si nuestro organismo lo resistiera, pocas cosas hay mejores que ese punto de embriaguez que nos hace ver el mundo de mejor manera, ser más locuaces y simpáticos. Ese punto es difícil de mantener, de ahí que, como en tantas otras cosas, una de las mejores enseñazas de la vida sea esa, la de saber beber, y no se imparte en ningún máster ni en universidades de verano, ni siquiera en los institutos con la buena falta que hace.
lunes, 11 de enero de 2010
El liquidito
Cuánta paciencia, miércoles 29 de diciembre de 2009
Tanto rollo, tanta movida de quitarte el cinturón, de dejar los líquidos atrás, todos los líquidos, de meter todas las cosas como se pueda en las dichosas bandejas, de cargar hacia la cinta de los rayos x con dos bandejas en una mano, la chaqueta colgando del antebrazo, el portátil en la boca, una bolsa colgando del dedo meñique y con la otra mano aguantándote los pantalones, todo ese rollo para que resulta que un terrorista fichado e investigado se les cuele y casi pegue fuego a un avión mientras aterrizaba en Estados Unidos, el país donde incluso una broma en un aeropuerto te lleva a la cárcel.
Ya sabemos lo que vendrá ahora, otra razón de histeria en los aeropuertos. A los viajeros ya no les pueden tocar más las narices, o bueno, sí, porque ahora se anuncia que no se permitirá emplear los MP3 o levantarse al baño en ciertos vuelos. En fin, que en cualquier momentos nos pueden obligar a viajar desnudos, con un tapón en el culo y las manos en la cabeza.
Pero todo este follón de restricciones en los pesadísimos controles de seguridad de los aeropuertos ya se demostró hace tiempo que es completamente inútil. Los aviones del 11-S cayeron secuestrados con simples cutters. Otro terrorista se cuela con un sencillísimo artefacto incendiario escondido en su ropa. Por tanto, la manía que tienen de tocarnos las narices justo antes de que cojamos un avión es una soberana estupidez, porque el terrorismo se combate de otra manera. Se combate, por ejemplo, con un buen uso de las agencias de información y espionaje, agencias que tenían perfectamente fichado al autor del atentado, sabían de su peligrosidad. El resto de las tonterías a las que nos someten en los controles de los aeropuertos, son simples demostraciones de que están haciendo algo cuando en realidad son incapaces siguiera de cotejar correctamente la identidad de un terrorista fichado. Ahora, de nuevo a sufrir un poco más cuando queramos coger otro avión.
Tanto rollo, tanta movida de quitarte el cinturón, de dejar los líquidos atrás, todos los líquidos, de meter todas las cosas como se pueda en las dichosas bandejas, de cargar hacia la cinta de los rayos x con dos bandejas en una mano, la chaqueta colgando del antebrazo, el portátil en la boca, una bolsa colgando del dedo meñique y con la otra mano aguantándote los pantalones, todo ese rollo para que resulta que un terrorista fichado e investigado se les cuele y casi pegue fuego a un avión mientras aterrizaba en Estados Unidos, el país donde incluso una broma en un aeropuerto te lleva a la cárcel.
Ya sabemos lo que vendrá ahora, otra razón de histeria en los aeropuertos. A los viajeros ya no les pueden tocar más las narices, o bueno, sí, porque ahora se anuncia que no se permitirá emplear los MP3 o levantarse al baño en ciertos vuelos. En fin, que en cualquier momentos nos pueden obligar a viajar desnudos, con un tapón en el culo y las manos en la cabeza.
Pero todo este follón de restricciones en los pesadísimos controles de seguridad de los aeropuertos ya se demostró hace tiempo que es completamente inútil. Los aviones del 11-S cayeron secuestrados con simples cutters. Otro terrorista se cuela con un sencillísimo artefacto incendiario escondido en su ropa. Por tanto, la manía que tienen de tocarnos las narices justo antes de que cojamos un avión es una soberana estupidez, porque el terrorismo se combate de otra manera. Se combate, por ejemplo, con un buen uso de las agencias de información y espionaje, agencias que tenían perfectamente fichado al autor del atentado, sabían de su peligrosidad. El resto de las tonterías a las que nos someten en los controles de los aeropuertos, son simples demostraciones de que están haciendo algo cuando en realidad son incapaces siguiera de cotejar correctamente la identidad de un terrorista fichado. Ahora, de nuevo a sufrir un poco más cuando queramos coger otro avión.
Inocentes
Cuánta paciencia, martes 28 de diciembre de 2009
Hoy es el día de los santos inocentes, una de tantas fiestas católicas de dudosísima filiación histórica. Pero esto de buscarle una justificación en la historia a los asuntos religiosos es ir en contra de la misma religión. La religión pide fe, que es justo lo contrario de la ciencia, y la historia es una ciencia. Ya saben todo eso de que no existe ni el más mínimo vestigio histórico de la existencia de Jesús. Aún así, nos entregamos a unas fiestas escalofriantes por culpa de un ser que no existirá, pero por el que profesamos una creencia de tarjeta de crédito.
Entre los muchos rituales de estas fiestas, más paganas de pagar que paganas del solsticio de invierno, está la celebración periodística del día de los santos inocentes. A estas alturas, algún medio de comunicación un tanto bobalicón sigue publicando noticias falsas. El problema es que emplean tan poca imaginación en la confección de la noticia que casi todas esas informaciones pasarían por verdaderas. Por perder, el periodismo dejó por el camino esa sagaz imaginación de hace años para la inocentada. Recuerdo una contraportada descacharrante y fumada de la desaparecida ‘La Gaceta de Canarias’ donde, hace muchos 28 de diciembre, se afirmaba que el Teide en realidad era una lapa gigante vuelta al revés. Eso es una inocentada.
Hay cosas que parecen inocentadas pero son rigurosamente ciertas, como la esquela por los niños abortados en 2009 que hoy publican varios diarios. En este asunto, ponerse demasiado sentimental es caer en la frivolidad más absoluta, y justo después de otra andanada de desprecio y antidemocracia en nombre de la familia, de la familia que ellos creen que es la más correcta pero que ellos mismos, los curas, no practican. Entre tanta cosa, se cuela la noticia de que Ángel Llanos, ubicuo alcalde en funciones de Santa Cruz de Tenerife siempre que le dejaban, va a ser el próximo consejero de Turismo del Gobierno Canario. ¿Será verdad? Es duro perder a Rita, pero con Ángel ganamos mucho, ya verán.
Hoy es el día de los santos inocentes, una de tantas fiestas católicas de dudosísima filiación histórica. Pero esto de buscarle una justificación en la historia a los asuntos religiosos es ir en contra de la misma religión. La religión pide fe, que es justo lo contrario de la ciencia, y la historia es una ciencia. Ya saben todo eso de que no existe ni el más mínimo vestigio histórico de la existencia de Jesús. Aún así, nos entregamos a unas fiestas escalofriantes por culpa de un ser que no existirá, pero por el que profesamos una creencia de tarjeta de crédito.
Entre los muchos rituales de estas fiestas, más paganas de pagar que paganas del solsticio de invierno, está la celebración periodística del día de los santos inocentes. A estas alturas, algún medio de comunicación un tanto bobalicón sigue publicando noticias falsas. El problema es que emplean tan poca imaginación en la confección de la noticia que casi todas esas informaciones pasarían por verdaderas. Por perder, el periodismo dejó por el camino esa sagaz imaginación de hace años para la inocentada. Recuerdo una contraportada descacharrante y fumada de la desaparecida ‘La Gaceta de Canarias’ donde, hace muchos 28 de diciembre, se afirmaba que el Teide en realidad era una lapa gigante vuelta al revés. Eso es una inocentada.
Hay cosas que parecen inocentadas pero son rigurosamente ciertas, como la esquela por los niños abortados en 2009 que hoy publican varios diarios. En este asunto, ponerse demasiado sentimental es caer en la frivolidad más absoluta, y justo después de otra andanada de desprecio y antidemocracia en nombre de la familia, de la familia que ellos creen que es la más correcta pero que ellos mismos, los curas, no practican. Entre tanta cosa, se cuela la noticia de que Ángel Llanos, ubicuo alcalde en funciones de Santa Cruz de Tenerife siempre que le dejaban, va a ser el próximo consejero de Turismo del Gobierno Canario. ¿Será verdad? Es duro perder a Rita, pero con Ángel ganamos mucho, ya verán.
Don Pedro
Cuánta paciencia, lunes 21 de diciembre de 2009
Que si Messi y sus muchos premios, que el argentino parece el Obama del fútbol, que si entrevistas a Xavi e Iniesta al alimón, que si esto que si lo otro, pero los únicos que hacen caso a don Pedro Rodríguez Ledesma son los medios canarios. No hizo nada el pibe, solo el gol que le dio la supercopa europea al Barça y otro gol que le permitió jugar la prórroga para disputar el mundial de clubes. Como bien recordó el periodista Juan Cruz en una columna, cuando el gol contra el Shaktar Donets en la supercopa europea el realizador se confundió y siguió con la cámara a Messi, mientras que el grafismo decía que el gol era del argentino. Y después del mundial de clubes, donde don Pedro Rodríguez hizo el récord de meter al menos un gol en nada menos que seis competiciones deportivas en un año, los titulares son para los de siempre, que también juegan fantástico, pero no batieron el récord.
Gracias a la contraportada de ‘Diario de Avisos’ de hoy nos enteramos que el padre de Pedro, el señor don Juan Antonio Rodríguez, trabaja en un surtidor de gasolina en Adeje. O sea, que el señor sigue allí trabajando. Eso explica muchísimas cosas, también lo explica la modestia con que habla el caballero. Dice que a ver si tiene suerte y para el partido Tenerife Barcelona del próximo 10 de enero, su hijo le puede conseguir unas entradas. Así, a ver si hay manera, hombre. El señor no se lo cree en absoluto, sus compañeros de surtidor le intentan cambiar los turnos para que pueda ver los partidos de su hijo. En estos tiempos de vanidades exageradas, reconforta encontrarse con el ejemplo de Pedro Rodríguez, de su familia y también de su club, que se afana para que nadie despegue los pies del suelo.
Y miren a Pedro, un pibe que se pasa de modesto, que es consciente de la grandiosa oportunidad que le está brindado la vida, pero que necesita a gritos un buen publicista, o quizá no. Pedro no hace el tonto con sus peinados, ni va de mediático por la vida. El problema de Pedro es que no entra en ese juego. Dicen que es una tontería enorgullecerse de alguien porque resulta que nació en el mismo sitio que tú. Pero aquí no estamos hablando de cunas, sino de actitudes, y es cierto que hay gente a la que merece la pena admirar, y no porque juegue bien al fútbol, sino por mucho más que eso.
Que si Messi y sus muchos premios, que el argentino parece el Obama del fútbol, que si entrevistas a Xavi e Iniesta al alimón, que si esto que si lo otro, pero los únicos que hacen caso a don Pedro Rodríguez Ledesma son los medios canarios. No hizo nada el pibe, solo el gol que le dio la supercopa europea al Barça y otro gol que le permitió jugar la prórroga para disputar el mundial de clubes. Como bien recordó el periodista Juan Cruz en una columna, cuando el gol contra el Shaktar Donets en la supercopa europea el realizador se confundió y siguió con la cámara a Messi, mientras que el grafismo decía que el gol era del argentino. Y después del mundial de clubes, donde don Pedro Rodríguez hizo el récord de meter al menos un gol en nada menos que seis competiciones deportivas en un año, los titulares son para los de siempre, que también juegan fantástico, pero no batieron el récord.
Gracias a la contraportada de ‘Diario de Avisos’ de hoy nos enteramos que el padre de Pedro, el señor don Juan Antonio Rodríguez, trabaja en un surtidor de gasolina en Adeje. O sea, que el señor sigue allí trabajando. Eso explica muchísimas cosas, también lo explica la modestia con que habla el caballero. Dice que a ver si tiene suerte y para el partido Tenerife Barcelona del próximo 10 de enero, su hijo le puede conseguir unas entradas. Así, a ver si hay manera, hombre. El señor no se lo cree en absoluto, sus compañeros de surtidor le intentan cambiar los turnos para que pueda ver los partidos de su hijo. En estos tiempos de vanidades exageradas, reconforta encontrarse con el ejemplo de Pedro Rodríguez, de su familia y también de su club, que se afana para que nadie despegue los pies del suelo.
Y miren a Pedro, un pibe que se pasa de modesto, que es consciente de la grandiosa oportunidad que le está brindado la vida, pero que necesita a gritos un buen publicista, o quizá no. Pedro no hace el tonto con sus peinados, ni va de mediático por la vida. El problema de Pedro es que no entra en ese juego. Dicen que es una tontería enorgullecerse de alguien porque resulta que nació en el mismo sitio que tú. Pero aquí no estamos hablando de cunas, sino de actitudes, y es cierto que hay gente a la que merece la pena admirar, y no porque juegue bien al fútbol, sino por mucho más que eso.
Confianza
Cuánta paciencia, viernes 18 de diciembre de 2009
En las sociedades democráticas se debe actuar con un mínimo de fe en la ley y en las instituciones. Habrá leyes con las que no estemos de acuerdo, pero que debemos acatar. Por ejemplo, las restricciones en el consumo de ciertas drogas no pueden ser más ridículas, mientras ciertas otras se venden libremente y con beneficios para el estado en forma de impuestos, y les hablo del tabaco y el alcohol, pero no queda otra que acatar.
Les digo esto porque la reacción ante cualquier medida que se plantee cualquier gobierno sobre un cierto control de Internet provoca reacciones histéricas por parte de unos internautas que, parece, se empeñan en confundir la velocidad del ancho de banda con el tocino de la delincuencia.
Hasta donde se sabe, los derechos de autor de las obras artísticas están protegidos por diferentes leyes. No se puede copiar de manera ilegal ni un disco, ni una película, ni siquiera un libro, siempre y cuando esas obras estén protegidas por ciertos derechos de autor. Pero ese concepto elemental se tropieza con un muro de incomprensión, sobre todo de personas que quieren todo gratis, menos aquellas cosas por las que ellos cobran. La decisión de convertir una obra artística en un objeto de libre circulación corresponde al artista, no al que roba la obra. El sistema es imperfecto, y es cierto que en algunas circunstancias, ese demonio llamado SGAE actuó con demasiado celo, pero una web que lanza libremente archivos musicales o cinematográficos sin control es una web ilegal, y por tanto, debe cerrarse.
Otra cosa es que algunos aprovechen esas leyes de control para acabar con webs simplemente por contenidos que les disgustan, como algunos vaticinan que pasará, pero es por eso que siempre debemos actuar con una fe total en este sistema democrático, en sus leyes e instituciones, porque la alternativa es el desastre.
En las sociedades democráticas se debe actuar con un mínimo de fe en la ley y en las instituciones. Habrá leyes con las que no estemos de acuerdo, pero que debemos acatar. Por ejemplo, las restricciones en el consumo de ciertas drogas no pueden ser más ridículas, mientras ciertas otras se venden libremente y con beneficios para el estado en forma de impuestos, y les hablo del tabaco y el alcohol, pero no queda otra que acatar.
Les digo esto porque la reacción ante cualquier medida que se plantee cualquier gobierno sobre un cierto control de Internet provoca reacciones histéricas por parte de unos internautas que, parece, se empeñan en confundir la velocidad del ancho de banda con el tocino de la delincuencia.
Hasta donde se sabe, los derechos de autor de las obras artísticas están protegidos por diferentes leyes. No se puede copiar de manera ilegal ni un disco, ni una película, ni siquiera un libro, siempre y cuando esas obras estén protegidas por ciertos derechos de autor. Pero ese concepto elemental se tropieza con un muro de incomprensión, sobre todo de personas que quieren todo gratis, menos aquellas cosas por las que ellos cobran. La decisión de convertir una obra artística en un objeto de libre circulación corresponde al artista, no al que roba la obra. El sistema es imperfecto, y es cierto que en algunas circunstancias, ese demonio llamado SGAE actuó con demasiado celo, pero una web que lanza libremente archivos musicales o cinematográficos sin control es una web ilegal, y por tanto, debe cerrarse.
Otra cosa es que algunos aprovechen esas leyes de control para acabar con webs simplemente por contenidos que les disgustan, como algunos vaticinan que pasará, pero es por eso que siempre debemos actuar con una fe total en este sistema democrático, en sus leyes e instituciones, porque la alternativa es el desastre.
jueves, 17 de diciembre de 2009
Lluvia amarilla
Cuánta paciencia, miércoles 16 de diciembre de 2009
Parece mentira, hay alerta amarilla y están ustedes ahí, escuchándonos, y nosotros aquí, emitiendo en esta radio. Alerta amarilla, ¡alerta amarilla! ¿Es que no se enteran? Que va a llover y no se puede hacer nada de nada. Vamos a ver, se puede ir a trabajar y llevar a los pibes a la escuela, eso no se suspende, pero todo lo demás, cualquier acto público se suspende porque va a llover, al menos eso es lo que ocurre con cualquier aviso naranja, amarillio, verde o lo que sea. Imaginen lo que pasaría si los organizadores de actos públicos canarios trabajaran en San Sebastián, Galicia o Dublín, en cualquier lugar lluvioso del mundo que ustedes piensen. Vivirían en la total parálisis. Hay lugares en el mundo donde llueve durante muchos días del año, otros lugares donde incluso nieva, fíjense ustedes, de manera cotidiana, y no se paraliza nada. Pero en estas tierras latinas cualquier aviso de lluvia genera la parálisis y la locura, y eso que llevamos un par de años de aviso con lluvias torrenciales y nevadas intensas en invierno. Pero no, tendrán que pasar décadas hasta que aprendamos, parece.
Décadas también hasta que aprendamos a construir las cosas para que también aguanten un aguacero más o menos copioso. Porque no deja de ser gracioso ver obras recién terminadas que con las primeras lluvias, quedan colapsadas por el agua que no se evacua. O sea, por un lado las instituciones se ponen muy nerviosas cuando llueve, pero por otra parte no se hace mucho por evitar el efecto de esas lluvias, otra contradicción de la vida moderna.
Mientras tanto, seguiremos moviéndonos a golpe de psicosis, con la impresión de que cualquier aviso -que no alerta, meteorológico- sea del color que sea, motivará un disparate de histerias, suspensiones de actos y demás tonterías. Mientras tanto, nadie nos quita de venir a trabajar, cosa extraña. Mira, y nosotros que pensábamos que el invierno era aburrido.
Parece mentira, hay alerta amarilla y están ustedes ahí, escuchándonos, y nosotros aquí, emitiendo en esta radio. Alerta amarilla, ¡alerta amarilla! ¿Es que no se enteran? Que va a llover y no se puede hacer nada de nada. Vamos a ver, se puede ir a trabajar y llevar a los pibes a la escuela, eso no se suspende, pero todo lo demás, cualquier acto público se suspende porque va a llover, al menos eso es lo que ocurre con cualquier aviso naranja, amarillio, verde o lo que sea. Imaginen lo que pasaría si los organizadores de actos públicos canarios trabajaran en San Sebastián, Galicia o Dublín, en cualquier lugar lluvioso del mundo que ustedes piensen. Vivirían en la total parálisis. Hay lugares en el mundo donde llueve durante muchos días del año, otros lugares donde incluso nieva, fíjense ustedes, de manera cotidiana, y no se paraliza nada. Pero en estas tierras latinas cualquier aviso de lluvia genera la parálisis y la locura, y eso que llevamos un par de años de aviso con lluvias torrenciales y nevadas intensas en invierno. Pero no, tendrán que pasar décadas hasta que aprendamos, parece.
Décadas también hasta que aprendamos a construir las cosas para que también aguanten un aguacero más o menos copioso. Porque no deja de ser gracioso ver obras recién terminadas que con las primeras lluvias, quedan colapsadas por el agua que no se evacua. O sea, por un lado las instituciones se ponen muy nerviosas cuando llueve, pero por otra parte no se hace mucho por evitar el efecto de esas lluvias, otra contradicción de la vida moderna.
Mientras tanto, seguiremos moviéndonos a golpe de psicosis, con la impresión de que cualquier aviso -que no alerta, meteorológico- sea del color que sea, motivará un disparate de histerias, suspensiones de actos y demás tonterías. Mientras tanto, nadie nos quita de venir a trabajar, cosa extraña. Mira, y nosotros que pensábamos que el invierno era aburrido.
miércoles, 16 de diciembre de 2009
El mal español del desayuno
Cuánta paciencia martes, 15 de diciembre de 2009
Los hoteleros prevén ya unas perdidas disparatadas de dinero por culpa de la ley antitabaco. Siempre nos ponemos en lo chungo y siempre que se plantea un avance, salta algún colectivo que se siente perjudicado. Si uno le hace caso a los hosteleros, los únicos que salen a tomar café, a cenar por la noche o de marcha y a beber copas son los fumadores. Los comentarios en las noticias de Internet, que son un curioso baremo del impulso social, recogen muchas opiniones de personas no fumadoras que dicen que gracias a esta ley volverán a salir a tomarse una caña con un pincho, una costumbre fantástica que nunca se consiguió establecer en Canarias. Así que a lo mejor a los hoteleros les pasa al revés, que recuperan mucha clientela que no iba a tomarse algo en el bar de turno para no quedarse ahumado.
Porque en este vaticinio de los hosteleros, parece que no están contando las carretadas de dinero que les entran por esa costumbre tan española del desayuno a media mañana. Se cuenta una anécdota jugosa de la entrada de España en la Unión Europea. El primer grupo de funcionarios españoles que fue a trabajar a Bruselas se reunió en su jornada de trabajo inicial en el hall del edificio de oficinas belga a eso de las once de la mañana con la idea de salir a desayunar. Se encontraron con las puertas del edificio cerradas. Le preguntaron a un bedel y el caballero, al saber de las intenciones del grupo de funcionarios españoles, les preguntó que si ellos no desayunaban en su casa. En todo el mundo civilizado, los trabajadores desayunan en sus casas, salvo en España. En todo el mundo civilizado, los trabajadores se despiertan con hambre, con tanta como para mandarse el típico desayuno anglosajón en algunos lugares. En España no, porque el trabajador medio español está aquejado de una extraña bacteria exclusiva de este país, un mal que están analizando laboratorios médicos de todo el mundo y que se revela por un síntoma común, esa fantástica excusa de: “No, yo no desayuno en mi casa porque nada más levantarme no me entra nada”. Dicen que de los Pirineos para arriba, este síntoma no se registra. Qué cosa tan rara.
Los hoteleros prevén ya unas perdidas disparatadas de dinero por culpa de la ley antitabaco. Siempre nos ponemos en lo chungo y siempre que se plantea un avance, salta algún colectivo que se siente perjudicado. Si uno le hace caso a los hosteleros, los únicos que salen a tomar café, a cenar por la noche o de marcha y a beber copas son los fumadores. Los comentarios en las noticias de Internet, que son un curioso baremo del impulso social, recogen muchas opiniones de personas no fumadoras que dicen que gracias a esta ley volverán a salir a tomarse una caña con un pincho, una costumbre fantástica que nunca se consiguió establecer en Canarias. Así que a lo mejor a los hoteleros les pasa al revés, que recuperan mucha clientela que no iba a tomarse algo en el bar de turno para no quedarse ahumado.
Porque en este vaticinio de los hosteleros, parece que no están contando las carretadas de dinero que les entran por esa costumbre tan española del desayuno a media mañana. Se cuenta una anécdota jugosa de la entrada de España en la Unión Europea. El primer grupo de funcionarios españoles que fue a trabajar a Bruselas se reunió en su jornada de trabajo inicial en el hall del edificio de oficinas belga a eso de las once de la mañana con la idea de salir a desayunar. Se encontraron con las puertas del edificio cerradas. Le preguntaron a un bedel y el caballero, al saber de las intenciones del grupo de funcionarios españoles, les preguntó que si ellos no desayunaban en su casa. En todo el mundo civilizado, los trabajadores desayunan en sus casas, salvo en España. En todo el mundo civilizado, los trabajadores se despiertan con hambre, con tanta como para mandarse el típico desayuno anglosajón en algunos lugares. En España no, porque el trabajador medio español está aquejado de una extraña bacteria exclusiva de este país, un mal que están analizando laboratorios médicos de todo el mundo y que se revela por un síntoma común, esa fantástica excusa de: “No, yo no desayuno en mi casa porque nada más levantarme no me entra nada”. Dicen que de los Pirineos para arriba, este síntoma no se registra. Qué cosa tan rara.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)